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- Carta: “Quizás te vea en la iglesia”
Carta: “Quizás te vea en la iglesia”
Last updated on: September 15, 2011 at 7:33 am by John Shore
Carta: “Quizás te vea en la iglesia” 2011-09-15T07:33:21-08:00 John Shore
Patheos Explore the world's faith through different perspectives on religion and spirituality! Patheos has the views of the prevalent religions and spiritualities of the world.
Saludos señor Shore,
Si un periódico publicara un titular que dijera algo como “DECISIÓN HISTÓRICA: IGLESIA PRESBITERIANA ORDENARÁ A ZURDOS”, la gente miraría intrigada y diría “¿y qué? ¿A quién le importa? ¿Cuál es el problema?” Pero cuando el mismo titular usa las palabras GAYS o LGBT en vez de ZURDOS, es otra historia.
La gente solía asustarse de los zurdos. Pensaban que eran extraños y diferentes, quizás malignos o “de Satanás”. Tengo un tío que nació zurdo, pero mis abuelos lo hicieron “cambiar”: lo forzaron a aprender algo completamente antinatural para él, algo opuesto a la forma en la que él había nacido, algo sobre lo que él no tenía autoridad (¡ahora es ambidiestro!)
Pero los zurdos, después de todo, no son unos malvados accidentes de la naturaleza que veneran al diablo. ¡Es genial tenerlos en el equipo de béisbol! Tienen dos manos como todo el mundo, sólo que las usan de una forma diferente a la de la mayoría.
Lo mismo sucede con las personas LBGTQ. También somos humanos, somos como todo el mundo. Sólo usamos nuestros cuerpos en una forma diferente que la mayoría. Algunas personas piensan que pueden cambiarnos, forzarnos a “cambiar” a algo completamente antinatural para nosotros, algo opuesto a la forma en que hemos nacido, para que seamos de acuerdo a la norma. Si eres de estas personas, por favor infórmate. No somos esperpentos que veneran a Satán. No somos criminales enloquecidos por el sexo listos para saltar sobre la primera persona que veamos.
Trabajo como ministra laica para niños, jóvenes y familias, en una congregación que es parte de la PCUSA que acaba de aprobar una enmienda autorizando la ordenación de las personas LGBT para el ministerio. Recientemente, en una reunión de sesiones (sesión es el cuerpo de gobierno de cada congregación presbiteriana), uno de nuestros antiguos miembros leyó una declaración en la que él renunciaba a su puesto en la sesión y nos dijo que dejaba nuestra congregación y la PCUSA con motivo de esta enmienda. Hubo lágrimas de sorpresa y consternación, respetuosas invitaciones a “acordar que hay un desacuerdo” y un círculo de oración en bendición y la imposición de manos antes de que él se fuera.
A pesar de la insistencia de este hombre en que él “no es prejuicioso” respecto a los gays y las lesbianas, sentí que me habían golpeado en el estómago. A pesar de su consistente afirmación hacia mí y mis dones durante el tiempo que trabajé en esta iglesia, y las muchas veces que él me ha dicho personalmente cuán agradecido se siente por mi ministerio y mi presencia aquí, si él supiera que yo no soy hetero, me negaría ese mismo ministerio que tanto ha apoyado en su suposición de que yo exactamente como él.
Lo siento, pero ¿qué mierda es esto? Un poco de información de mi vida personal serviría para convencer de forma efectiva a algunas personas de mi iglesia de que, a pesar de los frutos que han visto y celebrado de mi ministerio, nunca debería dárseme el derecho a ese ministerio en primer lugar. ¡Me aman! ¡Saben que hago un gran trabajo! Me adulan constantemente por la nueva vida que estoy ayudando a construir en sus programas de niños y juventud, y por la forma en que estoy agrupando a la congregación (estaban tan separados!) Pero el hecho de mi sexualidad mitigaría inmediata e irrevocablemente todo eso.
Puf. Ding. Todo habría acabado para mí.
Hay tanto miedo y tan poca educación en acción en situaciones como esta. Tantos cristianos, especialmente los de generaciones más ancianas, nunca han estado en una relación (en el sentido de trabajar con colegas, etc) con alguien que supieran que era abiertamente LGBT. Y hasta que hayas tenido esa experiencia, es probable que tengas miedo.
“¿Cómo son? ¿Se sienten atraídos por mí? ¿Están pensando en tener relaciones sexuales conmigo ahora mismo? ¿Debería ocultar a los niños?” Puedo entender estas preguntas, porque fueron mías antes de estar en una relación de trabajo con una mujer lesbiana (y antes de mis propios descubrimientos sobre mi bisexualidad). Lo primero que conocí de esta mujer fue su calidez, inteligencia, talento como música y ministra, y su profunda preocupación por la Tierra. La quise y la respeté – y entonces me enteré de que era lesbiana. Y eso me forzó a pensar, en vez de sólo reaccionar.
Pensé: “Guau. Nunca había conocido a una persona gay antes, pero realmente me cae bien esta chica, y es una gran amiga, y veo el bien que trae a los que la rodean. Así que a lo mejor lo que se me enseñó a creer sobre los gays no es correcto. Quizás necesito re-examinar mis creencias a la luz de mis experiencias”. Esto, creo, es una de las mejores formas en que los humanos están hechos a la imagen de Dios: ¡tenemos *razonamiento! ¡*Podemos usar nuestros cerebros! A menudo creo que los cristianos están condenados a ser autómatas: los maestros y los pastores nos enseñan doctrina y dogma, nosotros lo tragamos todo basandonos en su autoridad y conocimiento, descontamos nuestras propias habilidades para darnos cuenta de las cosas por nosotros mismos. Mi realidad en relación con esta mujer contradecía lo que se me había enseñado. La enseñanza era de otra persona, pero la realidad era mía. Así que elegí re-ordenar mi vida y mis creencias alrededor de lo que yo había experimentado y sabía que era cierto.
Esto no significa que yo completamente o de alguna manera descuento la autoridad de la escritura o la tradición cristiana. Por el contrario, empecé a incorporar la razón como la tercera fuente de autoridad en la hermenéutica de mi propia vida como una discípula cristiana (mi propia tradición es Episcopal: ¡tres hurras por el banco de 3 patas!). Fe no es lo mismo que creencia ciega y aceptación sin cuestionamiento crítico. ¿Por qué no probar nuestra fe y nuestras creencias para ver si corroboran nuestras experiencias?
Oh, espera: ¡porque tenemos miedo! ¿Por qué? Porque pensamos que no “sabemos lo suficiente” para ser nuestras propias pruebas de fuego. Tonterías. Quitémosle el polvo al viejo cerebelo y usémoslo, por amor de Dios (¡literalmente!). Dios nos dio cerebros para qe no tuviéramos que basarnos sólo en lo que otra gente nos dice. La revelación llega a cada uno que esta dispuesto a encontrar, recibir y considerarla.
Bueno, volvamos a mi iglesia. Lo que hay ante mí es un dilema. ¿Quedarme callada, guardar mi “secreto” para poder mantener mi empleo? ¿O ser leal a mi identidad y fiel a mi naturaleza- y arriesgar mi sustento? La denominación nacional para la que trabajo ha realizado una declaración formal que debería permitirme revelar mi verdadero yo a la congregación a la que sirvo. Sin embargo, la denominación nacional es una institución, y yo trabajo con gente, individuos que se unen para cumplir nuestra Gran Comisión. Hay muchos en el grupo que me exiliarían, que me eliminarían de esta unión, si supieran que soy bi. Seguramente “alguien así” – ¡alguien como yo!– está viviendo en el pecado, es un peligro para nuestros niños, es incapaz de darnos un ejemplo de cristiandad. Seguramente.
Y sin embargo, todos los días trabajo para representarlos fielmente, a nuestra iglesia y al Dios que compartimos. Y están agradecidos de tenerme, y se sienten animados y sienten mi ministerio y se sienten entendidos y escuchados. ¡Seguramente no se volverían contra mí si supieran la verdad! ¿Se comerían sus palabras amables hacia mí? ¿Retirarían sus afirmaciones de mi ministerio? ¿Me pedirían que me fuera? ¿Me privarían no sólo de mi sustento si no también del trabajo que es esencial a mi identidad, que me trae tanta satisfacción personal?
Esta es la misma hipocresía que aparta a tantos no-cristianos de la iglesia: que la iglesia, que se supone que representa el amor de Jesús, apartaría tan fríamente a uno de los suyos, uno de sus mejores (lo digo con humildad y doy la gloria a Dios), uno de los que más ama.
Esto duele. He dedicado mi vida entera a la iglesia. He estado en un tipo de ministerio u otro desde que tenía tres años. Y sin embargo, gente de mi propia iglesia, si supieran que soy bisexual, súbitamente me temerían, temerían lo que podría estar enseñando a o pensando de sus hijos, temerían lo que yo podría súbitamente empezar a hacer, temerían lo que soy. Duele porque se me dice que me calle acerca de todo esto, para no agitar las aguas, o causar que alguien cuestione mi validez como una ministra laica, o (Dios no lo permita!) haga que alguien piense que ser gay no es un problema si eres cristiano.
Duele porque la gente me lanza párrafos fuera de contexto como los sacerdotes del templo lanzaron piedras a Esteban. Duele porque tengo que elegir entre poder ganarme el pan haciendo lo que amo, o tener la integridad personal de afirmar la verdad de quien soy. Duele porque el miedo de otra gente se convierte en mi propio temor por mi seguridad e ingresos.
Pero “el amor perfecto echa fuera el temor” ( 1 Juan 4:18 -NVI). Me niego a vivir con miedo o a ser dominado por él. Así que, si bien no estoy lista aún para salir del armario ante mi congregación, tampoco voy a fingir que no apoyo tanto la nueva Enmienda y a aquellos a quienes ahora ha liberado para abiertamente buscar el ministerio formal en la PCUSA.
Ése es mi compromiso.
Hasta que tales compromisos ya no sean necesarios, seguiré ocupada en mi iglesia, tratando de hacer justicia, amando la gentileza y caminando humildemente con Dios.
Y quizás te vea en la iglesia este Domingo.
R.P., Indiana.
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